Prontamente se publicará en GITHUB el código abierto. Cualquier sugerencia/crítica, contactarme por twitter. Agradezco enormemente a @AlanVersalli por los comentarios, a @LukoLucaG por el asesoramiento en todo relacionado a la programación y a Gus por la serie del IPC.
La idea del presente trabajo fue la estimación de cuál debería ser la devaluación necesaria (con actualización diaria) para retornar a un nivel de tipo de cambio real multilateral (ITCRM, que da la noción de competitividad frente a los principales socios comerciales en el área de manufacturas) promedio entre junio 2002 y diciembre 2006. Luego del salto en el tipo de cambio del 2002, el régimen cambiario del gobierno se basó en el sostenimiento de un tipo de cambio “competitivo y estable”, al mantener el ITCRM en torno a 160. El objetivo consistió en la acumulación de reservas mediante un robusto superávit comercial. Esto permitió acelerar un proceso de desendeudamiento al mismo tiempo que tornó sostenible al crecimiento económico y salarial. El resultado final del trabajo es el siguiente:
Una devaluación de alrededor un 80% estimada tiene enormes consecuencias económicas y sociales. En el corto plazo, el desempleo y la inflación repuntan, mientras que la economía se contrae. El efecto es claro y bastante acordado por la literatura nacional. En el mediano y largo plazo, en cambio, los salarios se guían por otros parámetros. De hecho, en el período caracterizado por un tipo de cambio competitivo y estable, los salarios reales y en dólares subían a pesar de las micro-devaluaciones requeridas para sostener la competitividad.
El nivel del índice del tipo de cambio real multilateral elegido es frecuentemente señalado como “excesivamente devaluado”, y por lo tanto, “generador de más inflación”. El razonamiento es lógico: la contracara del abundante superávit comercial que caracterizó al período que implementó tal esquema fue la de un aumento de la base monetaria no completamente esterilizado. Las presiones inflacionarias consecuentes erosionarían la competitividad que se intentó lograr en primer lugar. Sin embargo, las reservas internacionales tienen la función de un “seguro” para contextos internacionales (o nacionales) desfavorables. La forma en la que Argentina se inserta en el orden mundial configura una doble vulnerabilidad. Por un lado, el saldo de la balanza comercial depende de los precios internacionales, que presentan una gran variabilidad producto de nuestra canasta exportadora. Por el otro, los flujos de capital se mueven en base a la política monetaria de la FED, quien determina la tasa de interés en base a los requerimientos de su propia economía doméstica, sin importar de los efectos derrame que la misma genera. La suba de la tasa de Estados Unidos genera un aumento en el riesgo país al mismo tiempo que baja los precios de los commodities. En definitiva, las reservas internacionales brindan estabilidad para eventos futuros desfavorables a costa de un sesgo inflacionario.
Además, una devaluación permitiría minimizar (e incluso eliminar) la brecha cambiaria que incentiva la sobrefacturación y adelantos de importaciones y la subfacturacón y postergaciones de las exportaciones. De esta manera, erradicaría la necesidad de la implementación de un sin fin de regulaciones y prohibiciones, favoreciendo la eficiencia económica.
En relación a la cuestión distributiva, sí, en el corto plazo hay una transferencias de ingresos de los trabajadores a los exportadores. Una forma de paliar tal efecto es mediante la suba de los derechos de exportación, que ya son altos de por sí. La distribución del ingreso, en el mediano y largo plazo es determinada por otros mecanismos, como el impuesto a las ganancias y al patrimonio, pero no por el nivel del tipo de cambio. Ambos son por excelencia los tributos más progresivos, y la idea es sencilla: cuanto más se gana, más se paga.
La tradición cambiaria de nuestra historia está condenada al cortoplacismo. Se la ha utilizado tanto para fomentar la actividad económica y los salarios, como para el anclaje de expectativas inflacionarias, a costa de sacrificar un sendero sostenible de crecimiento. Más allá de que parten de buenas intenciones, llevan a un infierno que, a la mediana o a la larga, termina siendo impostergable. Sucede, de hecho, que cuando las apreciaciones del tipo de cambio son persistentes en el tiempo, el saldo de la cuenta corriente, si no es ajustada por el tipo de cambio, es contenida mediante regulaciones, prohibiciones y por ciertos instrumentos de deuda que pueden llegar a hacer más costosa una devaluación futura (por ejemplo, la venta de contratos de dólar futuro y la emisión de bonos con seguro de cambio).
Aclaración: las distinciones entre períodos es arbitraria, su objeto es el de facilitar la comprensión de los mismos. A modo de complemento, se presenta la evolución de las monedas de los 3 principales socios comerciales: